martes, 12 de mayo de 2015
Maldita costumbre
miércoles, 9 de abril de 2014
Mi paciencia
sábado, 6 de abril de 2013
Yo quiero un mundo
lunes, 28 de enero de 2013
Mi primer recopilatorio literario
Después de bastante tiempo, conseguí terminar este breve recopilatorio de versos y relatos; pero sobre todo, garabatos sin porqués y sin sentido.
Se puede descargar haciendo click en el siguiente título:
Algún verso, algún relato… Y unos cuantos garabatos
Espero que lo disfruten.
También les dejo un enlace a mi página de facebook.
SALUDOS.
sábado, 14 de abril de 2012
ESTÚPIDO PERO FELIZ.
domingo, 18 de diciembre de 2011
¡Qué ironía vivir en comunidad!
en los pelos de la oreja.
sábado, 6 de agosto de 2011
Zorra astuta.
Pediste que te cuidara,
pediste que no te mienta
y que nunca me arrepienta,
y que nunca te dejara.
¿Y por qué fuiste tan rara?
¿Y por qué fuiste tan puta?
Y te fuiste, zorra astuta...
Esas que te dan la espalda
les dan a otros su falda
cuando ya no te disfrutan.
sábado, 16 de abril de 2011
Puntos de sutura.
domingo, 27 de marzo de 2011
¿MARCOS?
ESTE ES UN REGALO DE SARA, Y EL PRIMER REGALO QUE ME HACEN DE ESTE TIPO. Y LA VERDAD QUE ESTÁ MUY ACERTADO. MUCHAS GRACIAS.
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Con la pasión de un tango susurrado
escribe letras como disparos
que ahondan en mitad del pecho
abriéndose hueco por derecho
entre besos y suspiros anhelados
cantados por Gardel y Canaro.
Caminito, a mi alma ha forjado,
en un Volver de deseos revelados,
por una guitarra A media luz,
acordes de Cumparsista letrado,
compartiendo el dolor serenado,
cuando Esta noche me emborracho,
puede ser la solución.
Dueño y señor de la voz velada,
caballero de la misteriosa mirada
confesor de mis pecados,
de oídos que aún lejanos
acarician el corazón.
lunes, 7 de marzo de 2011
ADULTEZ.
Parece todo imposible
y todo tan complicado,
y los sueños censurados
ya no quieren ni vivir.
No existe nada irrompible,
nada que dure cien años,
sólo duda, miedo, engaño
y un apagado existir.
Un desganado latir
que escapa a lo inteligible.
viernes, 19 de noviembre de 2010
Llego.
Si, estoy, aunque tarde siempre llego
a las cosas que no me importan, y más
a las que sí, y cuando llego, estás
con muchas ganas de prenderme fuego.
Y yo quiero explicarte que no juego,
que yo soy así, pero vos siempre vas
a reprocharme lo mucho que esperás.
Que siempre el tránsito, que si mi ego.
Que sólo importo yo, que qué más quiero
Pero... -Pero nada, me voy, y otro día,
tres horas a la lluvia no te espero-.
¡Dos horas y tres cuartos alma mía!...
Ya me quedé hablando solo y en cueros.
Bueno... a ver si la cosa se enfría.
miércoles, 6 de octubre de 2010
Esperen más todavía.
Muchos están a la espera,hasta que pase el invierno,escapando del infierno,esperan en las pateras.Los barquitos sin banderaquieren matar la agonía.Todas las horas son fríasen la corriente del mar.Difícil de remediar,otra batalla perdida.Esperar la noche y día,esperamos los regresos,los excesos los accesos,las verdades las mentiras.Esperar toda la vidaa vestirse con corbata,a bailar en una patay olvidarse de las prisasque nos roban la sonrisapor un puñado de plata.Escondidas y enterradascomo por arte de magia,las monedas de la mafia,en la gran bolsa dorada.Me hace gracia quien confiabaen la inmediata alegría,perdónenme que me ríapero todo es esperar.Si se quieren jubilaresperen más todavía.
miércoles, 17 de marzo de 2010
Sabueso de buen lamer.
jueves, 28 de enero de 2010
El bajo sur.
viernes, 23 de octubre de 2009
Parece que aparecen.
sin lugares, sin motivos,
planifica su vagar.
Sin embargo el se encuentra con miradas,
con almas desorientadas
que se pierden al pasar.
Parece que aparecen de la nada
y te miran a la cara
sin saber muy bien porqué.
Yo intento confundirme en el ruido,
pasar desapercibido,
despedido del ayer.
Los vidrios rotos de tu copa afilada
y los espejos de tu casa encantada.
Sin un misterio que se pueda entender,
sin un rincón donde me pueda esconder.
Hoy pienso salir vivo de este mundo.
Un fantasma que sin rumbo
busca errante su verdad.
viernes, 16 de octubre de 2009
Del paladar.
sólo estar acá.
Porque ahora es y no será
ya nunca más.
Brindar y salpicar y compartir,
una cerveza.
Saltando con amigos
hoy y más.
Y vos estás pensando y recordando.
Yo sigo preguntando qué vendrá.
¿Y qué más me da?
¿Qué más nos da?
Ya me olvide de todo,
ya no importa más.
No pienso mandarte flores,
te quiero acá,
aunque prefiero la idea de
que no volverás.
No necesito que entiendas estoy
cansado de imaginar.
Palabras que se me pegan
del paladar.
miércoles, 14 de octubre de 2009
El cruce de líneas de Larry Manson.
-¿Si? – Contesté.
No se escuchaba nada.
- No oigo nada. ¿Quién es?
Escuché como alguien descolgaba el teléfono.
-¿Si? – Se escuchó al otro lado.
-Hola. - Dije yo.
-Tenemos que hacerlo hoy. - Interviene una nueva voz.
-¿Estás seguro? ¿No será arriesgado?
-Hola, perdón, creo que se han equivocado. – Señalé.
- Mañana ya será tarde. – Continuó el segundo hombre como ignorando mi aclaración, mientras el otro le contestaba.
- Pero…
Ahora entendía, estaba metido en una conversación ajena entre dos personas que no me escuchaban a mí.
En fin, pensé en colgar y seguir con el diario.
- ¡Hay que matarlo, mierda!
Esto me mantuvo pegado al teléfono un buen rato. Estaba descolocado.
- ¿Pero estás seguro de que te vio? – Preguntó el hombre que parecía más calmado.
- No sé, pero me tengo que asegurar. El estaba ahí, no puedo soltarlo y dejar que se vaya, no creo que no cuente nada.
- Si, será lo mejor, no hay que dejar testigos.
Rápidamente un terrible pánico corrió por todo mi cuerpo. Estaba sudando, no sabía qué hacer. Tenían a un testigo secuestrado y planeaban matarlo.
No sabia quienes eran ni donde estaban, ni siquiera si estaban en la ciudad o a mil kilómetros, o en otro país. Y yo me estaba enterando de todo en primera fila.
Quise llamar a la policía pero, ¿qué les diría? Tampoco estaba seguro de que fuera verdad. Estaba muy nervioso como para pensar con claridad y decidir mi manera de actuar.
Me mantuve escuchando.
-Tenemos que planificarlo cuidadosamente. ¿Sigue en el sótano? – Preguntó el que parecía tener el control de la situación.
-Si, pero no podemos matarlo aquí, ni Tampoco dejarlo, no puedo dejar que mi mujer lo vea. No quisiera tener que deshacerme de ella también.
-¿Y a donde lo llevamos?
-Podemos llevarlo a una montaña y tirarlo, y que parezca un accidente.
¡No, no! mejor aún, seria mas fácil y rápido tirarlo desde una azotea de un edificio alto, y que parezca un suicidio.
-Bien, llevo mi coche y lo metemos en el maletero.
-Date prisa por favor, ya no se que más hacer, estoy muy nervioso.
-No te muevas de ahí y no hagas locuras, llego enseguida.
Se escucha un fuerte golpe de teléfono.
Me quedé pálido, frío e inmóvil. Me había vuelto loco, no podía creer lo que acababa de escuchar. Más que nada por lo fríos que parecían los dos hombres a la hora de hablar de matar. Como si fueran simples negocios.
Colgué el teléfono y me senté temblando en el suelo.
Iban a matar a una persona, yo lo sabía todo y no podía hacer nada.
Sólo se me ocurría llamar a la policía…
-Departamento de policía, ¿en qué puedo ayudarle? – Preguntó amablemente la operadora.
-¡Van a matar a un hombre! – Comenté desesperado.
- ¿Está usted seguro?
-Sí, sí. ¡Dense prisa por favor!
- Muy bien. Descríbame la situación.
-Dos personas hablaban por teléfono, hubo un cruce de líneas y lo escuché todo.
-¿Usted está con ellos?
-¡No! – Exclamé. - ¿Cómo?...
-¿Pues donde están? – Interrumpió ella.
-No lo sé.
-Si me lo cuenta será mejor para usted. – Advirtió, como queriendo culparme de algo.
-¡Le digo que no lo se! ¡Que se cruzaron las líneas!
-Dígame su nombre.
-Larry Manson.
-Escuche, hemos rastreado su llamada, la policía esta de camino, permanezca conmigo al teléfono.
-Bien, gracias.
-Ahora cuénteme tranquilamente que fue lo que pasó.
Demoré unos quince minutos en explicárselo todo y me mantuve a la espera. Cuando de repente veo que pasa por mi ventana una figura de algo que caía.
Corrí rápidamente, abrí la ventana y miré. Un hombre había caído sobre un auto.
-¡Dios mío! – Pensé. Los asesinos deben estar en la azotea del edificio. ¡No lo puedo creer! Estaban aquí y no pude evitarlo. Me sentía muy frustrado.
Pero pensé que podía detenerlos antes de que bajaran.
No tenia miedo de que me hicieran daño, estaba furioso.
Salí corriendo por el pasillo cuando escucho unos pasos de gente corriendo detrás de mí.
-¡Señor Manson! ¿Es usted?
Me giro rápidamente,
-¡Sí, sí, están arriba, deténganlos!
-Usted no se mueva, acuéstese en el suelo boca abajo y ponga las manos en la nuca. – Ordenó el oficial.
-Pero...
-¡Al suelo!
Me apuntaban con un revólver, era increíble, no era yo, estúpidos, se estaban escapando.
-¡Se escapan!
-Vamos, tenemos que interrogarle.
-¡Pero se escapan! Vayan rápido, están bajando de la azotea.
¿Ah, sí? Por el momento usted es nuestro único sospechoso. ¡Hay un hombre muerto ahí abajo! ¿Lo sabia?
-¡Claro que si! Pero por favor, echen un vistazo arriba.
-Está bien, tenemos que asegurarnos. – El policía ordenó a un agente que suba a la azotea y rastree el edificio.
Pero ya era tarde, habían tenido tiempo suficiente para escapar.
Me sacaron del edificio, la calle estaba acordonada, la gente se había aglomerado, algunos aplaudían a los policías, otros me gritaban “asesino”, yo no entendía nada, me sentía el doble de frustrado que antes.
No había podido evitar el crimen.
No pude hacer que detengan a los asesinos.
Y para colmo, iba de camino a la comisaría.
Luego de muchos interrogatorios me encerraron hasta aclarar el asunto, porque yo era el único sospechoso.
Pasé una semana en la celda hasta que encontraron a uno de los culpables, quien milagrosamente confesó todo y delató al otro también.
La victima había visto a uno de ellos en un crimen anterior, y por eso querían deshacerse de él.
También la policía había encontrado varias llamadas entre los dos teléfonos durante la tarde y noche del domingo, en las cuales habían estado hablando sobre el tema. La última me tocó escucharla a mí.
Hubo un gran juicio y finalmente quedé en libertad.
Se creyeron mi historia. Ni asesino ni cómplice, sólo una persona que contestó el teléfono en el momento equivocado. Se disculparon conmigo, pero nada más, era indignante.
Pero en fin, yo sólo quería volver a casa y al día siguiente me pondría a buscar un nuevo lugar donde vivir.
Llegué a mi apartamento por la noche.
Me duché y luego me senté en mi sofá a tomar un trago.
De repente suena el teléfono.
Yo dejé que sonara hasta que parase.
Pero no paraba. Así que descolgué...
-¿Hola?...
Un silencio absoluto…
Rápidamente colgué el teléfono con un golpe y sin pensarlo demasiado arranqué el cable de la pared.
Ya había sido suficiente. No quería enterarme de más cosas, por muy importantes que fueran.
lunes, 28 de septiembre de 2009
Sin complejos.
Caminas de arriba abajo.
Lento, mustio y cabizbajo
por esa gatita loca.
Aquella que con su boca
dijo querer estar sola.
Y a los pies de una farola
te dejó con gusto amargo.
Y te pagó con recargo
una bala en tu pistola.
Hoy tu vida es murmurar
a la sombra de una parra,
aporreando una guitarra
ya sin ganas de cantar.
Y me atrevo a imaginar
que te estas haciendo viejo,
ya no usas los espejos
que te dicen la verdad.
Los valores de la edad,
los de vivir sin complejos.
Y aunque queda poco tiempo
y nunca hubo demasiado.
Siempre acabas fastidiado
por tu gran temperamento.
Por los pálidos momentos
que corriendo desbocado,
te han soltado disparado,
con prisas y desengaños.
Y al cabo de tantos años
se te han ido disipando.
Todavía murmurando
a la sombra de esa parra,
abandonas la guitarra
satisfecho y suspirando.
Repasas aquellos tangos
de tu juventud violenta,
y tu calma representa
que has quedado mano a mano.
Si, más tarde que temprano,
pero ya has saldado cuentas.
Dilema en el balcón.
Estaba viendo la tele cuando alguien llama a la puerta.
Acerco el ojo a la mirilla. Un hombre de traje, sin corbata, bien peinado y afeitado. Tendría unos cuarenta y tantos. Parecía buena gente.
Abrí la puerta.
-Buenas noches, ¿qué desea?
El hombre me dio un fuerte empujón y entró en el apartamento. Se dirigió corriendo hacia el balcón y se subió en el borde.
Yo enseguida me levanté del suelo y corrí hacia él.
-¡No se acerque, o me tiro!
-Bueno, se tirará de todas formas, ¿no?
El pobre suicida estaba temblando de miedo. Y yo también.
-Mi esposa me abandonó, no le veo sentido a seguir viviendo. – dijo sollozando.
-Siento mucho su situación y lo entiendo perfectamente, a mi también me pasó lo mismo.
-¿Ah, sí?
-¡Claro que si! Pero no es el fin del Mundo, créame, hay muchas cosas por las que vivir.
- ¿Como cuáles?
-Bueno, a mi me gusta mucho el fútbol por ejemplo, la música, viajar, leer, tengo amigos que me quieren, también está mi familia. Además, estoy seguro que tarde o temprano moriré, a todos nos llegará. ¿Para que adelantarlo? Quiero aprovechar lo que me queda de vida.
-Es que el sufrimiento es insoportable. – comentó en un tono más sobrio.
Yo me asomé al balcón y me senté en el borde muy despacio, intentaba ganarme su confianza. Miré hacia abajo, había mucha gente mirando. Era totalmente vertiginoso y provocaba una ligera intención de dejarse caer.
-¿No ve toda le gente que hay abajo? ¿Y si se cae encima de alguno y lo mata?
-No había pensado en eso. Pero se apartarán.
-O no. La gente no tiene la culpa.
-En eso tiene usted razón.
El hombre estaba más calmado. Y yo me acercaba cada vez más a él.
-¿Tiene hijos?
-Si, tres.
-¿Y entonces que pretende? ¿Qué sus hijos sufran e intenten suicidarse también?
-No lo harán, no son tontos.
-Pues no lo sea usted tampoco. Entre a mi casa y tómese una copa conmigo, hablemos, de lo que usted quiera, no se acaba aquí su vida, yo lo puedo ayudar. Cuente conmigo.
El hombre se puso a llorar, se sentó y se inclinó sobre mí. Yo lo agarré con fuerza y lo puse fuera de peligro.
Seguí ahí sentado viendo lo incitante que era estar al borde de la muerte.
Me balanceé hacia delante y me dejé caer.
domingo, 20 de septiembre de 2009
Los años que llegaron tarde.
haber formado parte
de esa historia
y contarte.
Pero todo cambia tanto
pasa de mano en mano
ya no está,
ya lo cerraron.
Y yo recuerdo, aquellos años
que no son míos y no he vivido,
también recuerdo, todos los tangos
que escucho nuevos, que no pasaron.
Como nostalgia, nostalgia ajena,
como una vida de fotos viejas
y no son míos, no son de nadie,
los años que llegaron tarde.
Un nicho, un agujero
con el café del tiempo,
en el mostrador de mármol
o en un rincón.
Donde se refugian
del otoño y la lluvia,
el gato del tejado
y aquel viejo.

